Agua y cambio climático, una convergencia ineludible
En los últimos años hemos sido testigos de cómo el cambio climático dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad crítica. Sus impactos más críticos y visibles se manifiestan en la escasez, la variabilidad y degradación de los recursos hídricos y sus fuentes. En este contexto, la COP 30, próxima a celebrarse este año en Belém do Pará, Brasil, no es solo otra cumbre climática más, es una oportunidad única e histórica para colocar la crisis hídrica en el centro de los acuerdos multilaterales y asegurar el financiamiento y la voluntad política necesaria para una gestión sostenible del agua.
Desde Aquafondo, el Fondo de Agua de Lima y Callao, trabajamos por la sostenibilidad de los recursos hídricos en las cuencas que abastecen de agua a Lima y estamos atentos a las negociaciones internacionales y acuerdos globales, buscando alinear nuestras intervenciones a los compromisos hídricos asumidos por el país. Nuestro trabajo se enfoca en -a través de intervenciones legitimadas con la población- cerrar brechas ambientales, generar impacto positivo y evidencia, articular actores y escalar soluciones que fortalezcan la resiliencia de las cuencas de los ríos Chillón, Rímac y Lurín, que abastecen a una de las ciudades más pobladas de América del Sur y la segunda más grande del mundo ubicada en un desierto.
Aquafondo y las expectativas clave para la COP 30
Tenemos la expectativa de que la COP 30 se convierta en punto de quiebre, para ello, los acuerdos multilaterales deben abordar la crisis hídrica desde una perspectiva integrada, atendiendo principalmente los siguientes puntos clave:
1. El agua como eje estructural de la acción climática
A pesar de ser el principal vehículo de los impactos del cambio climático: sequías prolongadas, inundaciones y eventos extremos, pérdida de glaciares y alteración del ciclo hidrológico, el agua no ha tenido un rol preponderante en las negociaciones climáticas, solo temático. La próxima COP debe consolidar el agua como un eje fundamental en la arquitectura climática global, es necesario cambiar el paradigma y la narrativa de posicionar el agua como la víctima del cambio climático, y empezar a verla como la protagonista de las soluciones.
En ese sentido, se espera que los próximos acuerdos multilaterales impulsen:
- La adopción de una Declaración Global sobre Agua y Clima, que reconozca el papel del agua en adaptación, mitigación y resiliencia al cambio climático, e integre metas específicas en las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC) y los Planes Nacionales de Adaptación (PNA).
- La transversalización del enfoque de seguridad hídrica en los mecanismos de reporte y seguimiento climático, como el Global Stocktake del Acuerdo de París.
- El fortalecimiento de la gobernanza hídrica multinivel, articulando políticas climáticas, de agua y de ordenamiento territorial con enfoque de cuenca y participación comunitaria. Además de fortalecer la institucionalidad y los marcos legales que permiten una gestión equitativa y sostenible, especialmente en cuencas transfronterizas.
- La valorización de las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) como estrategia para enfrentar la crisis climática a través de intervenciones que restauren y conserven ecosistemas hídricos, protejan cabeceras de cuenca, mejoren la regulación hídrica, capturen y almacenan carbono, y fortalezcan la resiliencia social.
- Economía circular del agua, establecer políticas y regulaciones que fomenten el tratamiento y la reutilización del agua residual en sectores industriales y urbanos.
- Continuar con el fomento, desarrollo e implementación de tecnologías y políticas que reduzcan el consumo de agua, especialmente en la agricultura, que representa cerca del 70% del uso global de agua dulce. Esto incluye sistemas de riego tecnificado y la promoción de cultivos menos sedientos.
2. La importancia de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) y la Infraestructura Natural
En el contexto de variabilidad climática actual y con impacto positivo demostrado, es un buen momento para que la COP 30 reconozca el papel de las SbN como una herramienta esencial y rentable para la adaptación. Las SbN o la infraestructura natural, utilizan los ecosistemas para resolver los retos que plantea la gestión hídrica actual. A continuación, se mencionan algunos ejemplos:
- Reforestación y conservación de cabeceras de cuenca: Los bosques en las cabeceras de cuenca actúan regulando los flujos de agua, brindan estabilidad, reducen la erosión hídrica del suelo y mejoran la calidad del agua.
- Restauración de humedales y bofedales: Estos ecosistemas se consideran esponjas naturales que absorben el agua durante las lluvias intensas, lo que permite reducir la escorrentía y prevenir inundaciones; posteriormente liberan lentamente el agua durante la época seca, aportando a la temporalidad en la disponibilidad de agua y aumentando el flujo base de los ríos.
- Recarga de acuíferos: Un claro ejemplo es el sistema de Amunas como mecanismos de infiltración, que recargan las reservas subterráneas de agua, una fuente importante de agua para Lima y muchas regiones y sectores productivos en el mundo.
Adicional a ello, es importante resaltar que las SbN no solo benefician la seguridad hídrica de la población en las cuencas, sino que también generan co-beneficios en la biodiversidad, la salud del suelo y el bienestar de las comunidades locales.
3. Financiamiento, corresponsabilidad y acción territorial
La implementación de acciones que brinden soluciones a esta problemática requiere más que voluntad política, requieren financiamiento justo, corresponsabilidad entre actores y acción decidida desde los territorios. En este sentido, podemos esperar de la COP 30:
- La simplificación de los mecanismos de acceso al Fondo Verde para el Clima y otros instrumentos multilaterales, priorizando proyectos que integren SbN, restauración de ecosistemas y protección de la infraestructura natural.
- El reconocimiento de la infraestructura natural como componente esencial de la seguridad hídrica, complementaria a la infraestructura gris tradicional, especialmente en contextos urbanos y rurales vulnerables como la ciudad de Lima y la parte alta de sus cuencas.
- La promoción de modelos de corresponsabilidad multiactor, donde Estado, sector privado, sociedad civil y comunidades cofinancien y gestionen intervenciones sostenibles, con beneficios compartidos y mecanismos de rendición de cuentas.
- La incorporación de criterios de justicia climática, equidad territorial e interculturalidad, asegurando que las inversiones lleguen a quienes más lo necesitan y respeten los saberes ancestrales en la gestión del agua.
De la diplomacia a la acción
Desde nuestro rol en Aquafondo, trabajamos para aportar al cumplimiento de las metas y compromisos hídricos del país y cerrar así la brecha entre los acuerdos globales y la acción operativa en el campo, mediante la:
- Construcción de legitimidad y sostenibilidad con cada intervención
- Generación de evidencia sobre el impacto de nuestras acciones en la oportunidad, calidad y cantidad del agua.
- Fomento de una toma de decisiones informada.
- Promoción de alianzas entre actores para movilizar recursos y escalar soluciones innovadoras.
Finalmente, estamos convencidos que la COP 30 marcará el inicio de un nuevo paradigma en la acción climática centrada en el agua. Para ello, es clave que los acuerdos multilaterales se traduzcan en políticas públicas contextualizadas y coherentes, financiamiento accesible y sostenible, y capacidades locales fortalecidas y resilientes.
Desde Aquafondo, reafirmamos nuestro compromiso con una gestión hídrica sostenible, con enfoque de cuenca, resiliente y equitativa, que contribuya a enfrentar la crisis climática desde el territorio, con evidencia, innovación y corresponsabilidad.