Una nueva forma de cooperar: Alianzas Multiactor para la seguridad hídrica

08 de julio, 2025
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En el marco del Día Internacional de la Cooperación, reflexionamos sobre cómo responder a los grandes desafíos que enfrenta nuestro planeta: el estrés hídrico, la degradación de ecosistemas, los impactos del cambio climático y la desigualdad territorial, especialmente en regiones vulnerables como los Andes. Abordar estos desafíos exige algo más que voluntad: requiere alianzas multiactor, cooperación transformadora y compromiso colectivo

Alianzas multiactor como modelo de transformación

Las alianzas multiactor son marcos de cooperación donde confluyen gobierno, cooperación internacional, sector privado, sociedad civil, academia y comunidades. Este enfoque parte del reconocimiento de que los desafíos ambientales no pueden resolverse desde una sola esfera, sino que requieren acciones colectivas. Solo la cocreación de soluciones permitirá avanzar hacia un modelo de transformación sostenible.

Estas alianzas van más allá del financiamiento: movilizan conocimiento, integran distintos niveles de gobernanza y construyen legitimidad social. Son, en esencia, el corazón del Objetivo de Desarrollo Sostenible 17:“Alianzas para lograr los objetivos”.

Nuevas tendencias en cooperación y financiamiento

Hoy, la cooperación internacional prioriza modelos más integrales y horizontales, enfocados en la creación de conocimiento, la medición de impacto, la gestión basada en resultados, así como en principios de territorialidad y equidad climática. En este marco, instituciones como el Banco Mundial, BID, CAF, GIZ y COSUDE promueven iniciativas orientadas a fortalecer la resiliencia hídrica, a través de fondos de adaptación, asistencia técnica o financiamiento mixto. Su contribución permite escalar proyectos con enfoque de cuenca, Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), infraestructura natural y fortalecimiento institucional.

El sistema de Naciones Unidas también impulsa este trabajo mediante fondos climáticos y mecanismos como el Fondo Verde para el Clima (GCF) y el Fondo de Adaptación.

En este ecosistema de cooperación, el sector privado también se compromete con la sostenibilidad y asume un rol cada vez más activo, no solo como donante, sino como aliado estratégico en proyectos que conservan las fuentes de agua como bien común. Este modelo de financiamiento compartido—alineado con los ODS 6 “Agua limpia y saneamiento” y ODS 13 “Acción por el clima”—gana terreno en América Latina, abriendo nuevas ventanas de oportunidad para que los actores locales escalen intervenciones e innoven en la forma de hacer cooperación.

Cooperación con impacto desde lo local

En Aquafondo, hemos demostrado desde nuestra experiencia, que estas formas de cooperación funcionan cuando se construyen desde el territorio y con visión compartida. Junto a la cooperación alemana para el desarrollo implementada por la GIZ, hemos recuperado infraestructura de infiltración de agua como las amunas, articulando saberes ancestrales, financiamiento empresarial y asistencia técnica. Empresas como Backus, The Coca-Cola Foundation y Pepsi Cocontribuyen activamente a conservar ecosistemas hídricos y recargar acuíferos alto andinos

Junto a Climate and Development Knowledge Network – CDKN y Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación – COSUDE, impulsamos procesos de gobernanza hídrica participativa que fortalecen capacidades locales y generan evidencia para decisiones informadas. Además, junto a la Universidad de Ingeniería y Tecnología – UTEC, desarrollamos investigación aplicada sobre monitoreo hidrológico, interacción entre ecosistemas y gestión integrada del agua. Esta alianza refuerza nuestro enfoque científico y potencia nuestra capacidad de innovación.

Comunidades: el corazón de las alianzas multiactor

En el tejido de las alianzas por el agua, las comunidades locales no son beneficiarias, sino aliadas estratégicas. Desde la identificación de necesidades hasta el monitoreo de resultados, desempeñan un rol insustituible, especialmente en los Andes, donde comuneras y comuneros comprenden, mejor que nadie, la dinámica de su territorio y las prácticas que favorecen la conservación de sus ecosistemas de agua dulce.

Este vínculo profundo con su entorno se traduce en una presencia activa que no solo aporta conocimiento ancestral, sino también un firme sentido de corresponsabilidad en el cuidado de las fuentes hídricas.

Cuando los proyectos se construyen con las comunidades —y no solo para ellas— los resultados se potencian. Las comunidades aportan legitimidad territorial y capacidades locales que enriquecen la intervención. Reconocerlas y empoderarlas como agentes de cambio es clave para avanzar hacia un modelo de gobernanza hídrica más justo, resiliente y sostenible. Su involucramiento efectivo no solo fortalece la pertinencia de las acciones, sino que también garantiza su sostenibilidad en el tiempo.

El agua no espera. El cambio climático avanza, y con él, se intensifican los riesgos hídricos para las comunidades más vulnerables. Pero también avanzan las soluciones: cuando cooperamos desde la convicción de que el agua es un bien común, la esperanza se convierte en acción concreta y transformadora.

Cooperar implica más que compartir recursos; significa escuchar, reconocer saberes diversos y articular esfuerzos desde lo local hasta lo global. La clave está en construir confianza entre sectores, diseñar desde el territorio y alinea cada iniciativa con el ODS 17, que nos recuerda que las alianzas son fundamental es para alcanzar el desarrollo sostenible.

Impulsar alianzas multiactor no es solo una estrategia técnica; es una apuesta ética por un futuro más justo y resiliente. En esa apuesta, cada actor tiene un rol que cumpliry suma, gota a gota, a la construcción de un futuro hídricamente sostenible.

Las alianzas multiactor se hacen visibles en el territorio: comunidades, empresas, cooperación internacional y sociedad civil, unidas por un propósito común —proteger nuestras fuentes de agua y construir resiliencia desde lo local.

#JuntosPorElAgua #SúmateTúTambién